jueves, 16 de agosto de 2007

Temible

2 comentarios:

Conz dijo...

morfable

Jerry P. dijo...

Hay cosas que me molestan de sobremanera, y una de las principales son los perros de raza sharpei y sobre todo las personas cursis que se la pasan inundando internet con comentarios sobre lo "hermosos y tiernos" que son estos horribles perros. Lo que más me sorprende es que la gente paga sumas exorbitantes por estos espantosos engendros, y vaya que son caros, ya que llegan a costar cientos o hasta miles de euros o de dólares y esto es solo el inicio del despilfarro. Ya que son extremadamente problemáticos y padecen de un sinfín de enfermedades congénitas, (cosa que corrobora la afirmación de que son unos engendros con un ADN defectuoso). Sobre todo sufren de muchas afecciones en la piel, ya que por tantas arrugas y pliegues, se convierten en el paraíso de bacterias y hongos por lo que debe de bañarse al perraco casi como "lavado en seco de tintorería" porque no les puede quedar humedad entre sus pliegues. Aún así, son de lo más apestosos, ya que su piel arrugada exuda una asquerosa grasa que ni siquiera les sirve para humectar bien su pelaje que es "ralo" es decir muy corto y que aparte es rasposo al tacto (de hecho shar-pei 沙皮狗 en idioma chino significa “piel de arena”). Por si fuera poco todo esto, en ocasiones hay que someterlos a un procedimiento quirúrgico en los parpados y en la comisura del hocico, porque las arrugas de la piel no los dejan ver ni comer bien. No entiendo como hay gente a quien les alegre tener a su lado a un perro que ocasiona tantos problemas y que encima se la pasan bufando y haciendo ruidos guturales parecidos a los puercos (o chanchos) o a los hipopótamos, aparte de que roncan y de que se tiran unos pedos hediondos.

Sin embargo y a pesar de todas estas desventajas, en los últimos años se han puesto de "moda" y parece que hay una avalancha de comentarios que exaltan sus cualidades de "tiernos, amorosos e inteligentes" cosa que no pongo en duda, sin embargo creo que cualquier perrito callejero tiene las mismas cualidades y que cualquier can que sea tratado con cariño y comprensión puede ser una buena mascota.

Al parecer, la gente se deja llevar por lo "fashion, way, chevere, bestial, chido" que sería tener un perro que parece una toalla arrugada tirada en el piso (no entiendo que tiene esto de atractivo) y si bien de cachorros tienen este aspecto, al crecer se les quitan la mayoría de las arrugas y se vuelven unos animales con cuerpo de tambor y apariencia de hipopótamo enano con pelo rasposo o de una mezcla hibrida entre un cerdo y un perro, por lo que a sus dueños les entra una especie de sentimiento de "¿Y ahora que hago con este remedo de perro que me costó tan caro?" mezclado con el más puro gusto Kitsch y se dedican a propagar por todos lados que su horrible engendro es una belleza llena de amor y de ternura. Tanto así que les llegan a poner nombres que reflejan sus “chispitas” cursis.

Un buen ejemplo, es un horroroso sharpei negro (o para los puristas "azulado") al que conocí y al que le pusieron el ridículo y absurdo nombre de "Flufly". Este "pei" era de una amiga y hace unos meses tuvo que ser sacrificado ya que estaba muy enfermo de cáncer en la piel y en primera instancia se le empezó a formar un espantoso tumor en los pliegues del cuello el cual llego a estar del tamaño de una toronja. Se lo extirparon y eso fue el detonante para que el cáncer se le expandiera por metástasis a todo el cuerpo.

El punto que quiero resaltar aquí es la contradictoria relación del nombre "Flufly" con un espantoso sharpei. Es que cuando uno oye un nombre como "Flufly" uno se imagina, no se a un perro de esos peludos, esponjosos, tiernos y falderos, pero nunca a uno con el pelo tan ralo y rasposo que sacaba ronchas al acariciarlo, tan, tan, tan, tan, pero tan arrugado que parecía un tapete fruncido o un "tamal mal amarrado", con hilos de baba colgándole por comerse los caracoles del jardín y con un aliento de los mil demonios y aparte con mal carácter porque se la pasaba bufándole y gruñéndole a todo el muy atolondrado. Por estas razones, la primera vez que vi una foto del Flufly, pensé que le habían puesto así por "Fluffy" como el perro cancerbero de tres cabezas de Harry Potter (Que ese si era un súper hijo de puta y feo como una patada en los huevos) lo cual me muestra que Joanne K. Rowling debe de tener el mismo sentido del humor kitsch-cute-horror-irónico-sarcástico-caustico que mi amiga.

En los últimos meses, como veía a mi amiga muy deprimida por la salud de “su bebe” como ella llamaba al espantoso Flufly, empecé a tratar de alegrarla bromeando acerca del perraco y me surgió la idea de decirle que era en realidad un "tamal mal amarrado de xoloscuincle". Ahora bien ¿Por qué demonios empecé a decir que Flufly era un tamal mal amarrado de xoloscuincle? Aunque era evidente que Flufly era un sharpei chino y no de la misma raza que los xoloescuincle mexicanos, con el espíritu de la "globalización" y de los "paralelismos culturales" me pareció que Flufly se parecía muchísimo no a un xoloescuincle cualquiera sino al mismísimo dios Xólotl, gemelo divino de Quetzalcóatl.

Aunque todo mundo piensa en los xoloscuincle y se los imagina flacos como galgos, en la época prehispánica los engordaban y como están pelones igual que los sharpei, se les formaban pliegues de piel y arrugas. Ahora ¿Por qué decirle a Flufly "tamal mal amarrado"? Bueno, lo que pasa es que como engordaban a los perros para comérselos y precisamente hacían tamales con ellos. En uno de mis alucines, me imagine que si los mexicas hubieran visto al Flufly, no les habría causado horror como a mí. Más bien se lo hubieran empezado a saborear y hubiera servido muy bien para hacer unos tamales, pero eso si, como esta muuuuuy arrugado hubieran quedado desbordantes de la penca de maíz o sea "mal amarrados".

Lo malo es y lo que es "la cereza del pastel" de la ironía es que en las fotos el estúpido y horrible Flufly si se veía lindo y tierno, o sea que era la contradicción hecha perro, era feo, feo, feo pero a la vez bonito. En verdad que los sharpei, y en especial el espantoso Flufly, son la definición perfecta de la paradoja "Es que es tan feo que es bonito".

Conocer a Flufly me abrió la puerta al “universo” de los sharpei. Sin embargo, al final me di cuenta que lo que en realidad me enerva y saca de quicio, más que los horrorosos perros; son sus dueños que se empecinan en convertir a toda costa a este poco agraciado can en una especie de "sharpeiamericanidol". Tan fácil que sería aceptar. “Sí, tengo un perro espantoso y con muchísimos defectos. Pero es mi problema y aún así lo quiero”.